viernes, 11 de julio de 2008

El bikini de Elena Medel

Uno de mis vicios (in)confesables es comprar libros. Todas las semanas visito alguna librería con la esperanza de encontrar algún título interesante que llevarme a casa, aunque luego tarde semanas o años en leerlo. Con la poesía suele ocurrirme lo contrario: compro menos libros, pero los leo sin tanta demora. Esto se debe a que me gusta seleccionarlos a conciencia, apartado de las modas y de los caminos trillados, con la mirada puesta en la calidad de los versos y de la edición que tengo entre las manos (bilingüe, si el poeta es extranjero, y acompañada de una buena traducción).
Los hallazgos de esta semana han sido Poemas 1934-1952 de Dylan Thomas, Colección Visor de Poesía, y Mi primer bikini de Elena Medel, DVD Ediciones, poesía. Del primero conocía algunas de sus obras en prosa, sobre todo los cuentos, pero de la cordobesa tan sólo tenía noticias por medio del Taller de Poesía del Politécnico y de ciertos artículos de prensa. Supe que, a pesar de su juventud (nació en 1985), se había alzado con el PREMIO DE ANDALUCÍA JOVEN DE POESÍA 2001 con Mi primer bikini, un poemario fresco, revelador, inmaduro, saturado de hormonas y de referencias culturalistas reconocibles para toda una generación. Ahora, que he tenido la oportunidad de leerlo, me sorprende que en sus poemas convivan Heidi e Irène Némirovsky en tan extraña armonía, mientras suena de fondo, alguna melodía de Gloria Gaynor o de La Oreja de Van Gogh. Este anclaje en la realidad, en mi opinión, le da verosimilitud al amor adolescente, al erotismo y a la búsqueda de la propia identidad como temas fundamentales de sus poemas y son, a su vez, la excusa para jugar con el lenguaje de una forma audaz y nada convencional. De hecho, es donde mejor se aprecio a la Elena Medel niña, en el uso de metáforas arriesgadas ("Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos"), retruécanos ("la lúzida ebriedad"), derivaciones/ composiciones ("Cosas románticas como pintarse el mentón color/ troncodeárbol") o sinestesias ("sonrío con sus besos fríos color pitufo, color papá pitufo"). Recuerda, no obstante, a los Novísimos en la experimentación con el lenguaje y en la abundacia de referencias no poéticas, extraídas de la televisión, el cine o de cualquier otro ámbito de la sociedad de consumo; además, encontramos la confirmación de esta influencia en la dedicatoria a Pere Gimferrer, pionero de esta corriente con Arde el mar (1966), uno de los títulos imprescindibles para comprender la poesía del S. XX.
Después de este libro, Elena Medel ha escrito los poemarios Vacaciones (2004) y Tara (2006), además del cuaderno Un soplo en el corazón (2007). Forma parte de la redacción de la revista La bella Varsovia y disfruta de una beca de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes desde septiembre de 2006.
El texto "Poética" ha sido extraído del blog Las afinidades electivas y "Mi primer bikini" de la página web de la autora.


Poética

Concibo la poesía como el género de la identidad: me sitúa en el mundo, establece coordenadas, construye mi memoria y lo que soy.
Por lo demás, escribo porque me apasiona la literatura. En el parvulario me aburría mientras los demás se entregaban a las cartillas de lectura: ya venía enseñada de casa. Quizá por eso me gusta tanto el olor a plastilina.


Mi primer bikini

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

Lo sé porque mis dedos

se transforman en lápices de colores.

Lo sé porque con ellos

dibujo en las paredes de tu casa

mujeres con rostro de epitafio.

Porque, a la caricia de la punta,

comienza el derrame de los cimientos

formando arco iris en la noche.

Porque, al escribir testamentos

en el suelo, se remueven las vísceras

de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos

en tu piel, de arquitrabe a basa,

y les llueve y los diluye, y compruebo

que la lluvia suena como hacen al caer

las canicas brillantes y naranjas

que cambiaba en el patio del recreo,

poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado

tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente

un jardín de lápidas cálidas y hermosas.

Trazo como una medusa de bronce,

un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo

el valle diminuto que proclama que es frágil

y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

4 comentarios:

viernes dijo...

autora de gran intuición poética, que acierta muchas veces porque sabe que la palabra es una apuesta, una cuestión de riesgo...
Saludos compañero, a ver si hablamos la semana que viene y nos contamos...

elisabet dijo...

magnífico descubrimiento desde tu blog, ¡gracias!

Héctor Monteagudo dijo...

De nada, Elisabet, pero el mérito es, en realidad, de Viernes, que me habló de ella y la conoce en persona. Yo sólo soy un humilde mediador que se ha visto tan gratamente sorprendido como tú.
Salud y buenas lecturas.

Antonio dijo...

Gracias por la visita y comentario en mi blog. He paseado por el tuyo de cabo a rabo y tiene un aspecto más que saludable. Seguiremos en contacto.
P.D. Coincido con algunas de tus recomendaciones lectoras juveniles.

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