miércoles, 16 de julio de 2008

Nuevas historias mínimas para una literatura urgente

Para introducir esta nueva entrega de "historias mínimas para una literatura urgente", quiero recomendar dos recopilaciones de cuentos breves: Microrrelatos. Antología y taller de Víctor Latorre y Mario Máñez, en Tilde Ediciones, y Antología de cuentos e historias mínimas (siglos XIX y XX), editado por Miguel Díez R., en la colección Austral de Espasa Calpe. El primero está enfocado hacia el trabajo en clase de la competencia lectora y de la expresión escrita mediante actividades de comprensión y de taller literario, originales, activas y motivadoras. Los microrrelatos que incorpora están clasificados según la extensión, temática o autor relevante; así, tenemos microrrelatos "Brevísimos", "Con juegos de palabras", "Literarios", "Los porqués de Julio Cortázar", "De suspense"... Que suponen un variado muestrario de textos contemporáneos, algunos prácticamente desconocidos aquí, como el de "Franz Kafka" de René Avilés Fabila que se cita en esta entrada. La Antología de cuentos e historias mínimas, en cambio, ofrece mayor cantidad, pero sin un enfoque pedagógico tan definido. La selección es de corte tradicional, común, en algunos casos, a la mayoría de los libros de texto, como "La leyenda de Carlomagno" de Italo Calvino. Además, carece de actividades de cualquier tipo, por lo que su finalidad inmediata es la lectura, sin tener en cuenta un lector o ámbito de uso específico.

Breve antología de la literatura universal
Faroni

Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas, y a mí mismo.



Franz Kafka
René Avilés Fabila

Al despertar Franza Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y pudo comprobar horrorizado

a. que seguía siendo Kafka,

b. no estaba convertido en un monstruoso insecto,

c. su figura era todavía humana.

Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis.


La leyenda de Carlomagno
Italo Calvino

El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.

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