lunes, 13 de octubre de 2008

Actividades sobre cuatro entremeses de los Siglos de Oro

El curso pasado tuve la ocasión de impartir 1º de Bachillerato, con las ventajas y desventajas que este nivel conlleva. Entre las ventajas podría citar la del grupo en general que, a pesar de pertenecer a la rama científica, se comportaron estupendamente y aguantaron, con cierta dosis de estoicismo, los contenidos de lengua y literatura. En el lado negativo de la balanza, situaría esa misma saturación de contenidos que, con la nueva ley, no cambia para mejor. Constituye todo un reto enseñar lo esencial de la literatura castellana desde la lírica primitiva (S. X) hasta el apogeo del Teatro Nacional con Calderón de la Barca al frente (S. XVII) en unos pocos meses; si a esto le añadimos la teoría de la comunicación, los niveles del lenguaje, gramática del texto y algo de sintaxis, como enlace con los contenidos que estudiarán el año siguiente para preparar la PAU, ya podremos comprender el exceso de carga lectiva que tienen que soportar nuestros estudiantes y la responsabilidad que debe asumir cualquier docente.
Además, estos contenidos literarios no terminan en los apuntes o el libro de texto; han de ir acompañados de las lecturas obligatorias pertinentes, es decir, sobre las obras o autores que se han estudiado en clase. Los clásicos, por tanto, constituyen la opción lógica, aunque por medio de ediciones adaptadas, pues el objetivo era desarrollar la competencia literaria del alumno y no formar filólogos o estudiosos de la literatura. La lectura del primer trimestre fue el Poema del Cid, de la colección "Odres Nuevos", Castalia, un clásico tanto en la elección (por razones conmemorativas) como en la adaptación. Para el segundo trimestre, di a elegir entre la edición adaptada del Lazarillo de Eduardo Alonso y la de las Novelas Ejemplares de Anaya, que contenía Rinconete y cortadillo, seguido de La ilustre fregona; la mayoría se decantó por la de Vicens Vives, porque habían disfrutado de algunas escenas de la vida de Lázaro en el tetro de los Salesianos de Alcoy. Finalmente, quedaba la lectura del tercer trimestre. Si seguíamos la lógica interna de la asignatura, y de los géneros en particular, tendría que ser teatro desde finales del S. XVI hasta mediados del S. XVII. Los mejores candidatos eran Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca, aunque ofreían dos grandes inconvenientes: el primero era la longitud y dificultad de las obras que, aun adaptadas, como Fuenteovejuna, El burlador de Sevilla o La vida es sueño, ocuparían demasiadas sesiones en clases magistrales y en lecturas dramatizadas, por lo que no habría tiempo para seguir con los contenidos lingüísticos del curso; en segundo lugar, consideraba que todo texto dramático queda incompleto si no se representa sobre un escenario; también era una lástima desperdiciar una actividad motivadora, como la de interpretar a un personaje teatral, por una guía o un control de lecturas que nada les aportaría, ni siquiera como un recuerdo mediocre de la última vez que estudiaron literatura.
Por suerte, en una de mis visitas a librerías, encontré Antología de teatro español en un acto, de la editorial Tilde, que incorporaba cuatro entremeses de Lope de Rueda, Cervantes, Quevedo y Lope de Vega, junto con actividades de comprensión y de taller dramático, que posibilitaron un enfoque más rico y motivador de estos contenidos. Para ello, planifiqué en tres fases su aprovechamiento en el aula: la primera requería la lectura individual, silenciosa, en casa, para contestar a las cuestiones de comprensión de los textos y del teatro de los Siglos de Oro en general; la siguiente, cuando el alumno tiene ya la información y una opinión fundamentada sobre los entremeses, era que constituyeran grupos de tres o cuatro personas, y que eligieran una de las obritas leídas para redactar un escrito en el que justificasen su elección y esbozasen, a continuación, el reparto de personajes, vestuario, escenografía, música, etc. Este documento resultaba importantísimo no sólo como prueba objetiva de evaluación, sino como una manera de evitar la improvisación. De hecho, algunos grupos lo solicitaron de nuevo para añadir modificaciones y eliminar aspectos innecesarios en la futura representación. Si volviera a repetir esta experiencia, confieso que diseñaría una ficha que facilitara una elaboración más guiada. La tercera fase fue la puesta en escena para el resto de la clase. Dado que los textos eran complicados, no les exigí que los memorizaran: la lectura dramatizada era suficiente. Cada grupo tenía asignada su fecha (siempre martes, pues la última hora siempre ha sido la más dura), en el espacio físico del aula. El primer grupo representó "La Tierra de Jauja" de Lope de Rueda, bien caracterizados (hasta llevaban una cazuela con un cucharón enorme) y acompañados por música "chill out" que pretendía crear la ilusión escénica del campo. Yo me situé entre ellos, como un espectador más, pero con la libreta del profesor abierta entre las manos. Así observe que del inicial "rollo de clase" que leía en los rostros de mis alumnos (última hora, ya se sabe), pasaban a l de curiosidad (¿Cómo lo harán ahora?) y, finalmente, al del niño que piensa: "Yo también quiero actuar", o al del adulto: "Yo lo puedo hacer mejor". Cuando terminaron, comentamos entre todos la interpretación, defectos y virtudes. El saldo fue positivo y animó al resto para elaborar más su proyecto. A la semana siguiente, el aula se llenó de cartones que simulaban bosques, telas que cubrían los pupitres para hacerlos pasar por estrados y disfraces apelotonados en bolsas: chalecos, pelucas, capas, faldas y corpiños. Trajeron hasta videocámaras para grabar sus actuaciones. No tuve inconveniente en darles permiso a cambio de que me hicieran una copia para el Departamento: ahora me apena que no pidiese una para mí. De todas formas, ya no era una tarea de clase (no la sentían así, aunque a mí me tocase calificarla): había nacido el aula de teatro de 1º BAC A.



9 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Muy interesante, Héctor. Yo me he decantado por El caballero de Olmedo, a ver qué pasa. Pero me parece estupenda la idea que propones de los entremeses; no conocía esa edición y tal vez (dado que también lo tengo programado para el tercer trimestre) me lo replantee.
A lo largo de la semana publicaré una entrada sobre lecturas y bachillerato, con un nuevo blog que he creado para animar a mis alumnos a leer y a intercambiar experiencias lectoras. Ya me contarás.

Marian dijo...

Me han parecido estupendas las actividades asociadas a las lecturas, sobre todo la dramatización. Miraré esa Antología ¿Crees que podría aplicarse tambien a 3º de ESO?

Héctor Monteagudo dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Juan Antonio, me gusta "El caballero de Olmedo", pues lo veo apropiado para 1º de Bachillerato. Lope no suele fallar. Respecto al blog sobre lectura, estoy impaciente por verlo. Es más, estaré encantado si puedo ayudarte en algo.
Marian, las actividades de dramatización son útiles y divertidas, aunque lleven trabajo detrás. Esta antología también está dedicada alumnos de Secundaria, pero los entremeses, tal y como están publicados, pueden parecerles un poco difíciles a alumnos de 3º de ESO. Sería necesaria una lectura muy dirigida, en clase, después de estudiar lo fundamental de la teoría. Yo probaría, en todo caso, con el de "La Tierra de Jauja" y, si funciona, con "Los refranes del viejo celoso", que da bastante juego. Ya me contarás.

Juan Antonio, el.profe dijo...

Héctor, mañana publico una entrada sobre mi plan lector de este año y allí solicito la colaboración de todos. Sé que no me faltarán tus aportaciones.

Gonzalo («Darabuc») dijo...

Gracias por compartir la experiencia. Yo recuerdo a Lope de Rueda como uno de mis autores preferidos hacia octavo (o sea, hacia 1980, que ha llovido). Creo que sus pasos tienen la mezcla de brevedad y gracia necesaria para una iniciación al teatro clásico. Es una alegría ver que aún funciona, aun con todos los cambios del alumnado y el plan de estudios. Me he llevado parte de tus palabras junto con la referencia.

Cordialmente,

Gonzalo

Héctor Monteagudo dijo...

Gracias, Gonzalo, por la entrada de "Darabuc". Creo que la clave no reside tanto en los autores (clásicos), sino en la calidad de los materiales, en la labor del profesor y en el interés de los alumnos (en este grupo funcionó una actividad que podría haber resultado un desastre en el otro cualquiera, incluso de un centro o promoción diferente).
Por otra parte, quiero comunicar que Mario Mañez, uno de los responsables de la edición de este libro, va a dirigir una serie de entremeses que se representarán durante este primer trimestre en la Biblioteca Valenciana. Si alguien está interesado, puede consultar los detalles en el enlace correspondiente de la sección "Otros rumbos".
No quería despedirme sin pedirte un favor, Gonzalo, pues desde la dirección del centro nos han instado a que diseñemos un plan de lectura, y querría preguntarte sobre ciertos detalles de los que no estoy muy seguro. Probablemente te los detallaré en un e-mail la semana que viene. Garacias por todo.

Gonzalo («Darabuc») dijo...

Dentro de mis limitaciones, que me temo que son bastante más de las que me supones --en especial con la literatura juvenil: esencialmente, no soy maestro, no completé Filología (hice un segundo ciclo distinto), no visito por ahora aulas de ESO en adelante y ni siquiera escribo para jóvenes (al menos, por ahora)--, haré encantado lo que pueda.

Héctor Monteagudo dijo...

Después de (re)visitar, a fondo, "Darabuc", no creo que tus limitaciones sean reales. Es más, la mayoría de los filólogos que conozco no serían capaces de crear y administrar un proyecto de calidad como el tuyo. Además, tienes la ventaja de ser traductor, junto con el hecho de no pisar las aulas, ofrece una perspectiva nueva, libre de los vicios de mi profesión. Ya te informaré de los detalles del plan. Un saludo.

Marian dijo...

Por cierto...me gustaron tus propuestas y compré esta Antología Trae bastantes actividades, que se pueden completar con una puesta en escena como la que tú has hecho. Y también pueden modificarse, según el nivel. Gracias por "enseñárnosla".

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