domingo, 15 de marzo de 2009

"Antidecálogo del escritor" de Jorge Luis Borges

He aquí otro decálogo conmemorativo, el del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), autor de libros de cuentos imprescindibles para la literatura universal, como El Aleph, Ficciones o El libro de arena, además de poemas y ensayos que tratan una gran diversidad de temas eruditos.
El "Antidecálogo del escritor" nace de la compleja ironía borgiana y de su profunda comprensión del fenómeno literario. A primera vista, podría entenderse como una declaración de principios del propio escritor; pero si lo leemos con detenimiento, descubrimos que es fruto de su experiencia lectora y que manifiesta todo lo que Borges espera encontrar en una obra literaria, su "horizonte de perspectivas". Las referencias que utiliza constituyen, a un tiempo, argumentos de autoridad y modelos de escritura fácilmente reconocibles por cualquier lector (Don Quijote, Dickens, Freud...), que no escapan a su personalismo vanidoso, disfrazado de sarcasmo, cuando se cita a sí mismo y a su amigo Bioy Casares. Por lo demás, ni siquiera se circunscribe a diez puntos y el sentido de algunos de ellos, como el último, resulta oscuro y bastante llamativo a la vez, pues desmitifica la imagen que teníamos de Borges.
Para finalizar, tan sólo quisiera mencionar que este texto ha sido extraído del blog literario Papel y seda.


ANTIDECÁLOGO DEL ESCRITOR
por Jorge Luis Borges

En literatura es preciso evitar:

1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a sus personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionalmente ligadas a determinado lugar o a determinada época: o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.
9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde a la de otro libro. Por ejemplo, el Ulises de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.

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