sábado, 31 de octubre de 2009

Sobre la animación a la lectura y la construcción compartida del significado

En esta entrega de la serie "Reflexiones sobre lectura", incluyo el trabajo de Teresa Colomer "Articulación escolar de la lectura literaria", que nos proporcionó Rosa Carpio como material del curso "La educación literaria en los nuevos currículos", para redactar las siguientes respuestas:


¿Son suficientes las prácticas de animación lectora par fomentar la lectura entre los escolares? Argumenta la respuesta desde lo que supone la intervención ante las dificultades que conlleva el proceso lector.

El artículo de Teresa Colomer, “Articulación escolar de la lectura literaria”, analiza los métodos y objetivos que han caracterizado los planes para el fomento de la lectura en estos últimos años, pero en función de los resultados obtenidos. Su balance es negativo, ya que los esfuerzos invertidos por todas las instituciones y personas implicadas han sido insuficientes para universalizar el hábito lector entre niños y jóvenes. Entre las causas, la autora señala como problema de fondo la valoración de la motivación lectora por encima del desarrollo eficaz de la actividad, ya que desatiende al lector en su acceso a la lectura e ignora las dificultades de diversificación que conducen a algunos de ellos a un sentimiento de frustración y, después, al abandono. En su lugar, propone un diseño equilibrado entre motivación y aprendizaje, donde la figura del mediador adulto no distraiga la atención del posible lector de la obra literaria y le ayude a leer, ya sea por medio de la aclaración de dudas sobre el vocabulario, el diseño de actividades por proyectos de trabajo que establezcan una finalidad clara para la lectura, la creación de expectativas en torno a la obra y al modo en que la deben leer (desarrollo de la metacognición), la ampliación del tiempo de lectura en el ámbito escolar y el establecimiento de una rutina que sirva de base para la consolidación del hábito de forma autónoma; la lectura de fragmentos que les inciten a una mayor diversidad de lecturas, la realización de actividades que aúnen lectura y escritura, la organización de coloquios en los que se hable de la lectura propuesta y en que se dé pie a la utilización del incipiente “metalenguaje” literario que esté desarrollando el lector; la lectura compartida con el grupo clase, el profesor o sus propios padres, y la construcción compartida del significado con las personas antes mencionadas, donde el lector adquiere el grado de profundidad con el que debe comprender un libro de la mano de otros. Todas estas medidas están presididas por la idea de la cultura del esfuerzo, aunque desde una perspectiva compartida, que facilite la superación de las dificultades iniciales y permita el verdadero disfrute de la lectura.


Se identifica "literatura infantil" con "libros para niños" como un corpus único. Establece diferencias en este conjunto global.

La principal diferencia es el grado de diversificación temática y la fusión con otros géneros, fruto de la experimentación de los autores, tal vez como medida para satisfacer los intereses de una nueva generación que se desenvuelve en una realidad cada vez más compleja. Los cánones tradicionales no siempre cumplen estas expectativas ni se adecuan a las necesidades sociales, por lo que resulta imprescindible una reinvención que prescinda de normas literarias oxidadas y de viejos tabúes ideológicos, en favor de un corpus variado, flexible y adecuado a las distintas funciones sociales de la lectura, momentos y lectores, y que no se vea constreñido por criterios inoperantes de brevedad, lecturabilidad del lenguaje empleado, novedad o calidad, tanto en la selección de las mejores obras como de las de menor calado, con las que posiblemente el lector no establecerá ningún tipo de lazo y que olvidará rápidamente. Teresa Colomer cita como ejemplos de estas formas nuevas de escribir literatura infantil las obras con vocación literaria, obras de consumo, libros didácticos y los libros de narraciones “documentales” sobre temas de actualidad.
En Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil (1999), Editorial Síntesis, Madrid, explica con detalle este cambio de gustos desde una perspectiva histórica.


¿Qué son prácticas de lectura compartidas? ¿Qué significa en dichas prácticas compartir la construcción del significado?

La lectura compartida es un nuevo enfoque en la mediación entre los libros y los futuros lectores con el fin de alcanzar un funcionamiento social de la lectura. El primer obstáculo al que se enfrentan son las “defensas” que han desarrollado los lectores frustrados, unidos bajo el lema de “A mí no me gusta leer”. Este rechazo se origina en las primeras etapas del aprendizaje, cuando el niño, desacostumbrado al fracaso, no puede acceder a la lectura de manera eficaz y satisfactoria. Entonces comienza a recopilar argumentos que lo justifiquen y que, si nada lo remedia, lo acompañarán hasta la edad adulta en forma de creencias, como la consideración de que es una actividad elitista, infantil, propia de generaciones anteriores, sólo circunscrita al ámbito académico o femenina, si la arguyen desde una perspectiva exclusivamente masculina y machista.
El mejor modo de combatirlas es implicar a mediadores adultos, empezando por padres, profesores y maestros, para que apliquen las medidas que hemos señalado en la primera cuestión. Sin embargo, también se necesita la colaboración del Estado, además de cualquier institución, pública o privada, para formar a estos mediadores, ya sea en escuelas de padres o en cursos para el personal docente.
En cuanto a la construcción compartida del significado, la clave reside en el enfoque de que el profesor no debe ser el único que interprete los textos que se trabajen en clase, sino animar a sus alumnos a que aventuren hipótesis, hagan sus aportaciones y descubran el texto por sí mismos. Por tanto, el esfuerzo interpretativo se reparte entre todos, al igual que el beneficio del aprendizaje, pues las carencias de unos se suplen con la pericia de otros, bajo la orientación del docente. Esto favorece no sólo la adquisición de las habilidades necesarias para desarrollar la competencia lectora o literaria, sino que fomenta el principio de solidaridad, la cohesión grupal, la autonomía en el aprendizaje y el hábito de lectura para su disfrute.



2 comentarios:

Lu dijo...

Sigo con interés la serie de artículos sobre la lectura. Es un material que merecía ser publicado, sin duda.
Recojo el hilo de tu reflexión sobre la lectura compartida para decir que es una de las actividades que más frutos da en el aula. Quizá los alumnos no sean grandes críticos, pero saben a qué atenerse para emitir juicios sobre las obras que leen. Y no hay que despreciar nunca sus valoraciones. Nos acercan como lectores.

Héctor Monteagudo dijo...

Algunas veces sí que creo que son grandes críticos o, al menos, más sinceros al emitir sus juicios. Por otro lado, también pienso que son los más autorizados, pues son los principales destinatarios de la LIJ y su opinión determina el éxito o el rechazo de una obra, no sólo en el aula. Es, tal vez, uno de los privilegios que hemos perdido los adultos. Nosotros, en cambio, los sondeamos como si fuesen alienígenas en busca de ese algo que nos hacía disfrutar, con tanta inocencia, de las obras más sencillas.
Un abrazo, Lu.

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