lunes, 30 de noviembre de 2009

José Emilio Pacheco, Premio Cervantes de 2009

Hace tiempo que no me ocupo ni de premiados ni de poetas, pero la concesión del Premio Cervantes de 2009 a José Emilio Pacheco bien vale romper este silencio. No obstante, cambiaré la palabrería de siempre por los versos de "Idilio", poema de este autor mexicano que he encontrado en A media voz. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.


Idilio

Con aire de fatiga entraba el mar
en el desfiladero

El viento helado

dispersaba la nieve de la montaña

y tú

parecías un poco de primavera
anticipo

de la vida bullente bajo los hielos

calor

para la tierra muerta

cauterio

de su corteza ensangrentada
Me enseñaste los nombres de las aves

la edad

de los pinos inconsolables

la hora
en que suben y bajan las mareas

En la diafanidad de la mañana
se borraban las penas

la nostalgia
del extranjero

el rumor
de guerras y desastres

El mundo

volvía a ser un jardín

que repoblaban

los primeros fantasmas

una página en blanco

una vasija

en donde sólo cupo aquel instante

El mar latía

En tus ojos
se anulaban los siglos
la miseria
que llamamos historia

el horror
que agazapa su insidia en el futuro

Y el viento
era otra vez la libertad

que en vano
intentamos fijar

en las banderas

Como un tañido funerario entró
hasta el bosque un olor de muerte

Las aguas

se mancharon de Iodo y de veneno

Y los guardias

llegaron a ahuyentamos

Porque sin damos cuenta pisábamos
el terreno prohibido
de la fábrica atroz

en que elaboran

defoliador y gas paralizante



3 comentarios:

viernes dijo...

me ha encantado que le den el premio a José Emilio Pacheco, su escritura calmada al tiempo que combativa con lo inefable...

saludos, :)

Héctor Monteagudo dijo...

También me alegro de que le hayan dado el Cervantes. Es una escritura calmada, como dices, pero intensa. Un ejemplo es el verso de este "El mar latía", una imagen poderosa que se une al siguiente, "En tus ojos", casi sin advertirlo, pasando por encima de enunciados y normas sintácticas. Sólo por este detalle, merece cualquier premio.

Un saludo, Viernes. A ver si quedamos antes de Navidad para echar unas birrillas.

Miguel María González dijo...

Con verguenza les diré que no lo conocía, pero al leer su poema esta frase me ha llamado la atención.


"En la diafanidad de la mañana
se borraban las penas
la nostalgia
del extranjero
el rumor
de guerras y desastres"

En la difanidad de la mañana, cuando al hombre se de cuenta que no puede comerse las balas

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