lunes, 21 de noviembre de 2016

2.2. Mi biblioteca literaria: teatro


El teatro no es mi género literario predilecto, aunque lo considere imprescindible en cualquier biblioteca que se precie. Tal vez se deba a la necesidad del espectáculo, de la representación sobre las tablas, para que cualquier obra dramática se disfrute completa. O puede que sea porque no me despierta la misma emoción -estética- que la lírica o la narrativa.
La cuestión es que mi biblioteca teatral se levanta sobre dos bloques bien diferenciados: la dramaturgia en castellano y la que fue concebida en otras lenguas. De este último, destaca con luz propia, inevitable, las obras completas de Shakespeare, pero también las de Marlowe, Pirandello, Molière, Dario Fo, Ibsen, Chejov, Strindberg o Peter Weiss. Por contra, entre las compuestas en lengua castellana, abundan las de Lope de Vega, Calderón, Tirso, Zorrilla, Leandro F. de Moratín, Buero Vallejo, García Lorca, Unamuno o Galdós. Muchas de ellas son un poso de la carrera de Filología que, sin embargo, también me han sorprendido, conmovido y alterado las nociones básicas que tenía sobre el teatro. Así me ocurrió con la lectura de La noche de los asesinos, de José Triana. Las obras escritas en latín y griego clásico, sin embargo, se adscriben a la biblioteca de clásicos.
Espero que, como en las secciones anteriores de mi biblioteca, sirva de inspiración para algunos de mis lectores y anuncio, no sin esgrimir un compromiso sólido, la intención de ampliarla con títulos de autores contemporáneos, como Juan Mayorga, Jesús Campos o Yasmina Reza.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Un symbaloo de apps para un maletín móvil docente

Pantallazo de algunas apps que suelo utilizar.
Los dispositivos móviles se han colado en nuestra vida cotidiana desde hace tiempo. Móviles, tabletas y relojes inteligentes cosen nuestra vida real y física a la vida digital que hacemos crecer a través de redes sociales, mensajería instantánea y perfiles de infinitas aplicaciones en las que se desparrama nuestra identidad digital. También son los agentes catalizadores que convierten cada vivencia en puro contenido multimedia, en imágenes, vídeos o podcasts editados con más o menos fortuna, pericia o gusto. Por esta razón, la escuela no puede ni debe resistirse más a la entrada del móvil en las aulas -pues ya reina fuera de ellas- ni desaprovechar, por más tiempo, el enorme potencial y la oportunidad de recoger los beneficios educativos de su buen uso.
A pesar de algunas corrientes pedagógicas que pelean hoy en día para normalizar su uso en los centros de enseñanza, como el célebre m-learning, lo cierto es que su utilización efectiva, real, es minoritaria. Esto se achaca a las deficientes instalaciones técnicas -sobre todo en lo tocante a la conexión wifi-, las reticencias de gran parte del cuerpo docente y al asentamiento del mal uso de estos dispositivos entre los estudiantes.
Sin embargo, también es cierto que cada vez más compañeros se dejan seducir por las bondades que pueden acarrear su implementación bien integrada en el currículo y sustentada por bases metodológicas sólidas que huyan del esquema de clase tradicional para buscar soluciones estimulantes, creativas y actuales para profesores y alumnos. En mi caso, he encontrado una vía alternativa a ese agotamiento palpable del modelo clásico de enseñanza en la web 2.0 y en el acercamiento a las aulas que facilitan los dispositivos móviles, en especial, la tableta, que sustituye desde hace un par de años al cuaderno del profesor en papel. Un factor esencial es la instalación de proyectores en las aulas de mi centro, que gracias a un adaptador y cable VGA (que suele utilizarse para conectar los monitores de un ordenador), permiten compartir todo tipo de contenidos, aun sin conexión inalámbrica. El segundo factor es el notable desarrollo que han alcanzado las aplicaciones para dispositivos móviles, pues son más manejables que unas versiones web y se encomiendan a un tipo específico de acción, lo cual favorece su usabilidad. Por último, gran parte de estas "app" suelen tener una vertiente social que posibilita compartir los contenidos generados con otros usuarios de la comunidad educativa, ya sean estudiantes, compañeros o padres. El medio habitual es el correo electrónico, aunque en el caso de mis alumnos, y más si son de Bachillerato, prefiero los círculos de Google Plus.
La selección que presento ahora con Symbaloo promociona el acceso, a través de cada icono, a aplicaciones específicas que tienen un especial interés docente, no solo para la gestión del aula, sino para la elaboración de mapas conceptuales, catalogación de obras culturales, creación de libros digitales o edición de contenidos multimedia para el aprendizaje basado en proyectos.




Se puede ampliar la nómina de aplicaciones y su utilización para el aula a partir de los enlaces recogidos en el tablero temático -en Pinterest- de Apps para estudiantes y profesores:


sábado, 15 de octubre de 2016

2.1. Mi biblioteca literaria: poesía


La poesía es un género complejo y heterogéneo que gusta de romper límites, etiquetas y cánones consagrados. Esta es la razón de que no toda sea lírica, ni en verso, y que no flirtee con lenguaje, temas y motivos siempre poéticos. 
Tampoco se rinde ante la definición que la reserva para la expresión de sentimientos e ideas: hay poemas que son narraciones en versos y otros que desmenuzan el lenguaje hasta reducirlo a una ininteligible cadena de sonidos, al igual que consiguió Huidobro en Altazor.
En la imagen que acompaña esta entrada, cito a algunos poetas que habitan en mi biblioteca y que la alimentan con sus rimas, símbolos, metáforas, desvelos, plenitud y polifonía sin par.
No todos son los mejores ni los más reconocidos, pero sí son los que han preservado mi fe en el verso y los que me han descubierto otros autores desconocidos, olvidados u ocultos a los ojos de los lectores de mi generación. Espero que, de alguna manera, supongan una revelación para otros.


lunes, 5 de septiembre de 2016

1. Mi biblioteca docente

La profesión docente no solo se define por la especialidad que profesa, las clases que da o los alumnos que tiene a su cargo. También se conoce por su formación, muchas veces informal, alimentada por el deseo de profundizar en su materia o de encontrar respuestas a los retos que se le plantean cada día en el aula.
La biblioteca personal docente debe reflejar ese equilibrio íntimo entre los conocimientos adquiridos en la carrera, los que se desarrollan en los cursos de formación del profesorado y los que se encuentran por cuenta propia, motivados por la curiosidad, la necesidad o la devoción a las aulas.
El inventario que comparto con LibraryThing pretende ese equilibrio, aunque se escore más hacia lo puramente filológico, hacia las gramáticas, ortografías, diccionarios, manuales literarios y lingüísticos. También recoge algunos ejemplares consagrados a la enseñanza del Español como Lengua Extranjera (E/LE), aunque apenas la ejerza ya. Otros títulos, en cambio, tratan el área desde la aplicación de las TIC, el enfoque por competencias o por proyectos, a través de propuestas concretas que han tenido éxito en numerosos centros. Los menos, se ocupan de asuntos independientes de la especialidad docente, como la tutoría o la gestión del aula.
En cualquier caso, constituyen un recurso imprescindible para cualquier profesional de la enseñanza y reflejan, por otra parte, las inquietudes, gustos, estilo y personalidad del docente, sin olvidar su trayectoria, evolución metas para un futuro más o menos cercano.

1. Biblioteca docente


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