martes, 31 de enero de 2017

Currículums literarios con "Do you buzz"



El pasado mes de diciembre acabé un CEFIRE o curso destinado a profesores denominado "La creatividad en una escuela plurilingüe", tutorizado por M. Carmen Romero Riera, compañera de la especialidad de Inglés en el IES Callosa d'en Sarrià.
Entre los objetivos de este curso, tenían preferencia difundir propuestas de actividades creativas y motivadoras; intercambiar ideas, materiales o recursos entre los participantes; y diseñar tareas innovadoras, inspiradas en las que ya se habían estudiado. La gran mayoría tenían un mayor aprovechamiento para las clases de idiomas, aunque también había un porcentaje significativo que se podían utilizar en las de lenguas maternas, con el concurso de las TIC.
Una de las más interesantes rescataba una herramienta digital para diseñar y difundir currículums vitae en la red, conocida por Do you buzz.  Permitía, entre otras posibilidades, establecer un objetivo claro para la escritura de textos digitales breves y discontinuos, en combinación con otros códigos audiovisuales. Después de trastear un poco con ella, recordé un proyecto que se difundió en los inicios de la popularización de Facebook y que trabajaba la vida y obra de los autores más representativos de los Siglos de Oro como si abrieran un perfil en esta famosa red social. Esto me llevó a diseñar la actividad final para este curso como si los autores de ese periodo y de la Edad Media quisieran elaborar sus propios currículums con los datos, méritos y hasta fragmentos de sus obras más granados con el fin de convencer al resto de los alumnos de una clase de 3º de ESO que merecen ser estudiados. Junto con la descripción del producto final, las fases que se deberían seguir y los materiales que serían necesarios, añadí una rúbrica que facilitase no tanto la calificación como la valoración objetiva de la misma para mejorarla o adaptarla a la situación específica de cursos sucesivos.

lunes, 30 de enero de 2017

De la libreta de clase al pasaporte del portfolio



El cuaderno es una valiosa herramienta estratégica que facilita el aprendizaje del estudiante y su seguimiento por parte de la familia y del profesor, puesto que refleja no solo el trabajo diario y su progreso, sino también la gestión docente de la clase.
Sin embargo, la relevancia de esta herramienta plantea, a su vez, los retos de qué valorar en el cuaderno de clase y cómo lograr una aplicación exitosa en el aula. Para el primero, realicé un análisis de errores frecuentes en libretas de 1º y 3º de ESO, las reformulé en positivo para establecer una lista de cotejo -inspirado por Enseñar lengua, de Cassany- y lo compartí en este blog, hace unos años, bajo el título de "Carné por puntos para evaluar el cuaderno de clase". Tuvo cierta aceptación entre algunos compañeros y me sirvió durante varios cursos para valorar la libreta y enseñar las rutinas de trabajo necesarias entre mis alumnos de Secundaria, ya que, junto a los ítems redactados como descriptores o "estándares", se establecía una puntuación objetiva que se podía comparar -para mejorarla- de trimestre en trimestre.
Hace un par de años decidí revisar este documento, inspirado por el Portafolio Europeo de las Lenguas (PEL) y su versión electrónica (e-PEL). A pesar de que, tradicionalmente, se había utilizado para la enseñanza de idiomas y no para la de lenguas maternas, me atrajo su diseño tripartito, correspondiente al pasaporte, la biografía lingüística y el dossier. De esta manera, se podrían trabajar las rutinas de trabajo y la reflexión de la propia identidad en el pasaporte; la autoevaluación crítica de la competencia comunicativa en la biografía lingüística; y la recopilación sistemática, meditada, de evidencias en el dossier. Estas evidencias son de muy diversa naturaleza, pues comparten categoría tanto los apuntes como las tareas, actividades, proyectos, lecturas, esquemas, trabajos de investigación, cómics o textos de creación literaria que los estudiantes elaboren durante el curso. Los textos digitales, infografías, presentaciones en Power Point y demás evidencias que superan los límites físicos del papel se gestionarían a través de una versión electrónica en Google Sites, a la que se accede por el código QR del pasaporte, y que todavía continúa en construcción.
Por último, con el fin de garantizar su implantación eficaz en las aulas, el segundo reto, he adjuntado el documento que utilizaría en las primeras sesiones del curso, puesto que muestra con detalle cómo llevarlo a cabo, tanto para las evidencias en papel como en las digitales, con la esperanza de que sea de provecho o sirva de inspiración en algunos compañeros para que dejen de pedir libretas y se atrevan a construir portafolios en colaboración con sus estudiantes.





Modelo de pasaporte para el portafolio:




Para más información, se puede consultar el tablero de Pinterest Port(a)folios:

Sigue el tablero Ortografía de Héctor en Pinterest.

lunes, 21 de noviembre de 2016

2.2. Mi biblioteca literaria: teatro


El teatro no es mi género literario predilecto, aunque lo considere imprescindible en cualquier biblioteca que se precie. Tal vez se deba a la necesidad del espectáculo, de la representación sobre las tablas, para que cualquier obra dramática se disfrute completa. O puede que sea porque no me despierta la misma emoción -estética- que la lírica o la narrativa.
La cuestión es que mi biblioteca teatral se levanta sobre dos bloques bien diferenciados: la dramaturgia en castellano y la que fue concebida en otras lenguas. De este último, destaca con luz propia, inevitable, las obras completas de Shakespeare, pero también las de Marlowe, Pirandello, Molière, Dario Fo, Ibsen, Chejov, Strindberg o Peter Weiss. Por contra, entre las compuestas en lengua castellana, abundan las de Lope de Vega, Calderón, Tirso, Zorrilla, Leandro F. de Moratín, Buero Vallejo, García Lorca, Unamuno o Galdós. Muchas de ellas son un poso de la carrera de Filología que, sin embargo, también me han sorprendido, conmovido y alterado las nociones básicas que tenía sobre el teatro. Así me ocurrió con la lectura de La noche de los asesinos, de José Triana. Las obras escritas en latín y griego clásico, sin embargo, se adscriben a la biblioteca de clásicos.
Espero que, como en las secciones anteriores de mi biblioteca, sirva de inspiración para algunos de mis lectores y anuncio, no sin esgrimir un compromiso sólido, la intención de ampliarla con títulos de autores contemporáneos, como Juan Mayorga, Jesús Campos o Yasmina Reza.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Un symbaloo de apps para un maletín móvil docente

Pantallazo de algunas apps que suelo utilizar.
Los dispositivos móviles se han colado en nuestra vida cotidiana desde hace tiempo. Móviles, tabletas y relojes inteligentes cosen nuestra vida real y física a la vida digital que hacemos crecer a través de redes sociales, mensajería instantánea y perfiles de infinitas aplicaciones en las que se desparrama nuestra identidad digital. También son los agentes catalizadores que convierten cada vivencia en puro contenido multimedia, en imágenes, vídeos o podcasts editados con más o menos fortuna, pericia o gusto. Por esta razón, la escuela no puede ni debe resistirse más a la entrada del móvil en las aulas -pues ya reina fuera de ellas- ni desaprovechar, por más tiempo, el enorme potencial y la oportunidad de recoger los beneficios educativos de su buen uso.
A pesar de algunas corrientes pedagógicas que pelean hoy en día para normalizar su uso en los centros de enseñanza, como el célebre m-learning, lo cierto es que su utilización efectiva, real, es minoritaria. Esto se achaca a las deficientes instalaciones técnicas -sobre todo en lo tocante a la conexión wifi-, las reticencias de gran parte del cuerpo docente y al asentamiento del mal uso de estos dispositivos entre los estudiantes.
Sin embargo, también es cierto que cada vez más compañeros se dejan seducir por las bondades que pueden acarrear su implementación bien integrada en el currículo y sustentada por bases metodológicas sólidas que huyan del esquema de clase tradicional para buscar soluciones estimulantes, creativas y actuales para profesores y alumnos. En mi caso, he encontrado una vía alternativa a ese agotamiento palpable del modelo clásico de enseñanza en la web 2.0 y en el acercamiento a las aulas que facilitan los dispositivos móviles, en especial, la tableta, que sustituye desde hace un par de años al cuaderno del profesor en papel. Un factor esencial es la instalación de proyectores en las aulas de mi centro, que gracias a un adaptador y cable VGA (que suele utilizarse para conectar los monitores de un ordenador), permiten compartir todo tipo de contenidos, aun sin conexión inalámbrica. El segundo factor es el notable desarrollo que han alcanzado las aplicaciones para dispositivos móviles, pues son más manejables que unas versiones web y se encomiendan a un tipo específico de acción, lo cual favorece su usabilidad. Por último, gran parte de estas "app" suelen tener una vertiente social que posibilita compartir los contenidos generados con otros usuarios de la comunidad educativa, ya sean estudiantes, compañeros o padres. El medio habitual es el correo electrónico, aunque en el caso de mis alumnos, y más si son de Bachillerato, prefiero los círculos de Google Plus.
La selección que presento ahora con Symbaloo promociona el acceso, a través de cada icono, a aplicaciones específicas que tienen un especial interés docente, no solo para la gestión del aula, sino para la elaboración de mapas conceptuales, catalogación de obras culturales, creación de libros digitales o edición de contenidos multimedia para el aprendizaje basado en proyectos.




Se puede ampliar la nómina de aplicaciones y su utilización para el aula a partir de los enlaces recogidos en el tablero temático -en Pinterest- de Apps para estudiantes y profesores:


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