martes, 25 de enero de 2011

Adelanto del centenario de Gabriel Celaya

El 18 de marzo se conmemora el centenario del nacimiento de Gabriel Celaya. Para entonces, es posible que la red se inunde con sus versos, que los blogs proclamen que "La poesía es un arma cargada de futuro" y que el poeta tendría que abandonar -de nuevo- su torre de marfil para acercar la lírica al ciudadano de a pie. 
Hoy me adelanto por egoísmo o por impaciencia o por el deseo de creer que la poesía todavía es un arma cargada de futuro, con las voces de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o el propio Gabriel Celaya. 




"La poesía es un arma cargada de futuro"


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


De Cantos iberos (1955)





5 comentarios:

Lu dijo...

Se nos van a acumular los acontecimientos poéticos este año. Pronto, a tiempo, o tarde la poesía es siempre un reclamo.

Carlota Bloom dijo...

Has hecho bien, Héctor, yo no era ni mínimamamente consciente. Afortundamante, aún hay ojos y oídos bien abiertos detrás de los pupitres dispuestos a empaparse de versos.

Héctor Monteagudo dijo...

Lu:no tanto como pensamos. La poesía es y será siempre para una "inmensa minoría", como dijo Juan Ramón Jiménez, y más en este ámbito de difusión.
Carlota: creo que cada vez hay menos lectores de poesía porque hay menos alumnos de literatura que la entienden. Reivindico a Celaya un poco por gusto y por capricho, en realidad.

Antonio dijo...

Pues habrá que ir preparándose :-)

Héctor Monteagudo dijo...

Espero que sí :)

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